25 julio 2012

EL "POYAQUE" DE MARTA SÁNCHEZ


«Poyaques» hay muchos. Los hay médicos (tras consultar el problema que motivó la visita, el paciente dice: “Poyaque estoy aquí, es que hace días que me duele el pie”), cotidianos (“Poyaque vas al trastero, baja detergente”), domésticos (“Poyaque hay que arreglar la ducha podamos reformar el baño”) y también televisivos. Sería cruel dedicar el artículo a José Luis Uribarri («Poyaque» ha muerto podíamos abandonar Eurovisión), así que vamos a por la entrevista promocional de Teresa Campos a Marta Sánchez en “¡Qué tiempo tan feliz!”.

«Poyaque» el rey y Urdangarín aprovechan la presencia de cámaras para lanzar su speech cuando les conviene, y «poyaque” ella también tenía cámaras a su disposición, dijo: “El otro día me pilló un semáforo y estaban empezando a formar barrera unos manifestantes funcionarios para protestar y se ha dicho una cantidad de mentiras horrorosas como que yo empecé a atropellarlos y a llamarles ‘H de P’. Y para nada es cierto, al revés, me pilló justo en verde, empezó la barrera y yo empecé a marchar despacito, porque además iba con mi madre, era un momento así como muy tenso. Y luego empezaron a golpearme como unos treinta o unos veintitantos el coche, a darme golpetazos, que me rompieron el espejo retrovisor, y me asusté, y entonces ya definitivamente despacio, como a dos por hora, me fui. Yo creo que la manera de salir adelante no es jodiendo al prójimo, ¿vale?, sino trabajando”. Lo mejor no fueron sus lecciones a los parados (que trabajen), a los trabajadores (que trabajen y callen), a los jóvenes (desde el siglo XIX el movimiento obrero solo sirvió para joder al prójimo) y a quienes se encuentren con una barricada (que pasen, pero despacito). Lo mejor fue que le disgustó el «poyaque» de los manifestantes que querían aprovechar que habían cortado el paso a un famoso para ganar presencia mediática. “Hemos pillado una cara mediática, vamos a aprovechar el tirón para que se nos escuche más”, denunció esa señora que usa la tele para lanzar sus discos y, «poyaque» está allí, aprovecha a contar su vida.