14 julio 2012

ESPARTACO Y HANNIBAL LECTER


Después de las series “Spartacus: sangre y arena” y “Spartacus: dioses de la arena”, precuela de la anterior, Canal + emite “Spartacus: venganza”. La segunda temporada de las neoaventuras, punkiaventuras o ciborgaventuras de Espartaco tiene muchísima más sangre, mucho más sexo, algo menos de intriga política y nada de psicología. Cuerpos perfectos de gladiadores, patricios, esclavas y plebeyos moviéndose por Capua. Espadas hambrientas de carne, cabezas cortadas, puñales que entran por el ojo (no es una metáfora) y heridas espantosas que llenan la pantalla. Espartaco anda por ahí rumiando su venganza. Lucrecia se ha convertido en una extraña mezcla entre misticismo y astucia. Glaber sigue igual de perdido. Pero todo esto es lo de menos. “Spartacus: venganza” es una serie ultraviolenta con dosis de sexo explícito que molestará a algunos e hipnotizará a otros. ¿Espartaco? Espartaco sólo es una buena excusa.

No es lo mismo que Hannibal Lecter diga que ha quedado con un amigo para comer o que lo diga Frasier Crane. Si lo dice Hannibal Lecter, ya sabemos que nuestro psiquiatra más temido se comerá a su amigo mientras bebe un buen chianti, pero si lo dice Frasier estamos seguros de que nuestro psiquiatra favorito y su amigo comerán en un buen restaurante y nos reiremos con ellos mientras beben un carísimo vino francés. Pues bien, no es lo mismo que Stanley Kubrick ruede una película sobre Espartaco con guión de Dalton Trumbo protagonizada por Kirk Douglas o que una productora estadounidense fabrique una serie de televisión sobre Espartaco con una estética que debe algo más que una caña a la película “300” y pensando en un público acostumbrado a ver en el sofá series como “The walking dead”. Digamos que el Espartaco de Kubrick es Frasier Crane, mientras que el Spartacus televisivo es Hannibal Lecter. No podemos pedir a Hannibal Lecter sofisticados juegos de palabras y divertidos enredos amorosos, y no podemos pedir a “Spartacus: venganza” rigor histórico y profundas reflexiones acerca de la libertad. Hannibal Lecter se come el hígado de su amigo regado con un buen chianti, y Spartacus destripa a sus enemigos mientras en la parte de atrás un gladiador hace el amor furiosamente con una esclava. En otra cadena, Frasier Crane y Kirk Douglas charlan y beben vino francés.