22 julio 2012

CREO, CREO. ¿QUÉ CREES?


Hace años que los doctores recomiendan incluir, entre las rutinas de las mañanas veraniegas, dar un paseo higiénico por La 2 a ver si una vieja entrega de “Otros pueblos” alegra el ánimo e invita a afrontar el día con confianza y optimismo. Como cualquiera, hago lo que mandan los doctores cuando me apetece. Y esto apetece. Pero los domingos uno se encuentra esa retahíla de programas religiosos que cada cuarto de hora reza por un Dios distinto (lo que, no nos engañemos, históricamente significó y significa contra los demás dioses). Será cosa mía, pero me quedo contemplando la pantalla con mirada de antropólogo despistado.

Viendo todos esos programas tan abiertos, tolerantes y bienintencionados, me parece que falta algo. ¿Ninguna creencia tiene nada que decir de lo que creen los vecinos del otro lado del tabique?¿Por qué fomentar que sistemas de creencias lógicamente incompatibles entre sí convivan en una falsa armonía que, disculpen pero se dice así, repugna a la razón? ¿No sería mejor que, igual que un vendedor además de contarte las excelencias de su producto te señala los defectos que tiene la competencia, en cada programa nos explicaran detalladamente lo que no nos dicen los programas vecinos en su letra pequeña, esos detalles que no siempre se confiesan pero que pueden hacernos cambiar de producto?

Si así fuera, molaría que proliferaran los programas de proselitismo religioso. Cuantos más, mejor: de más cosas nos íbamos a enterar, más cláusulas abusivas conoceríamos, más letra pequeña desentrañaríamos. Por ejemplo, la iglesia de la cienciología quiere ahora disponer de su propio canal de televisión en EE.UU. Darles 15 minutos en nuestra tele público sería una locura a no ser que fuera para jugar a este “A que te pillo las creencias” que se podría completar con un “A que te pillo las consecuencias de tus creencias”. El gran Luis Pancorbo podría encargarse de dirigir este gigantesco programa contenedor. Creo, creo. ¿Qué crees?