06 marzo 2010

EROS, ESPAÑA Y EL MUNDO

En el remoto pasado, había programas de televisión esféricos. Podían avanzar en direcciones opuestas pues era su figura circular y eran por ambos lados iguales en todo. Eran programas terribles por su fuerza y su vigor y tenían gran arrogancia, hasta el punto de que podían atentar y desbancar a los malos programas que triunfaban en televisión. Entonces Zeus y los demás dioses deliberaron lo que debían hacer con ellos ideando una estratagema para que abandonaran su insolencia. Así los cortaron en dos a cada uno para hacerlos más débiles y sumisos.

Una vez que los programas esféricos quedaron cortados en dos, cada parte echaba de menos a su mitad, y cuando se reunía con ella, ambas se rodeaban con sus brazos, se abrazaban la una a la otra, anhelando ser una sola naturaleza. Desde hace tiempo, pues, el amor de unos a otros es aglutinador de la antigua naturaleza, y trata de hacer un solo programa de dos y de curar la herida sufrida al haber quedado seccionados, como los lenguados, en dos de uno que eran.

Así pues, cuando la noche del miércoles se tropezaron por vez primera en La 1“Españoles en el mundo” y “Destino España” vieron el uno en el otro la verdadera mitad de sí mismos. Los españoles que viven por esos mundos y nos enseñan el lugar que ahora es su tierra se fundieron en un abrazo con los ciudadanos del mundo que ahora viven aquí y nos enseñan el país en el que nosotros vivimos, que antes era sólo nuestro pero ahora también es suyo. Sintieron tan maravilloso impacto de amistad, de afinidad y de amor, que no están dispuestos a separarse ni siquiera un instante. Y si se les presentara Hefesto con sus instrumentos y les preguntara: “¿Qué es lo que deseáis?”, pedirían unirse y fundirse con el amado y llegar a ser uno solo de dos que eran.

Este es, -concluyó Aristófanes-, mi discurso acerca de Eros, según el cual se alcanza la felicidad si se culmina el amor y se encuentra al propio amado.

1 comentario:

Lilith dijo...

Sólo tú puedes convertir una teoría sobre el amor en un amor de teoría. Y entonces las palabras encontraron su otra mitad y se fundieron en un juego eterno.