31 marzo 2010

NUEVA YORK Y MARRUECOS

José Luis Iglesias, presidente de la asociación “Asturias laica”, defiende la necesidad de lograr una separación efectiva entre Iglesia y Estado, y pide a los políticos que dejen de acudir a procesiones, bendiciones de aguas, misas y demás rituales religiosos. Personalmente, ver a un político en una procesión me parece tan chocante como encontrar un ejemplar del “Manifiesto comunista” en la consulta de un dentista, así que me gustaría que los políticos se quitaran la corbata para desfilar detrás de la imagen de Cristo crucificado y que no ocuparan, por ser quienes son, las primeras bancadas de las iglesias mientras un señor habla de la resurrección. ¿Que siempre ha sido así? Bueno, hace doscientos millones de años Nueva York y Marruecos eran vecinos (“Así se hizo la Tierra”, Canal Historia), así que es lógico pensar que un día las procesiones y la política estarán tan lejos como Nueva York lo está hoy de Marruecos.

Y todo esto no tiene nada que ver con la separación efectiva entre el cine histórico-épico-religioso y la Semana Santa. ¿Qué es un jueves santo televisivo sin Peter Ustinov en “Quo Vadis” tocando la lira mientras arde Roma? ¿Qué es un viernes santo televisivo sin Charlton Heston en “Ben-Hur” echando una mano a Jesús de Nazaret camino del Calvario? ¿Qué es un sábado santo televisivo sin un buen “peplum” en el que unos cuantos cristianos cantan abrazados mientras esperan a ser devorados por los leones? Ni doscientos millones de años de geología y civilización podrán separar a Judá Ben-Hur de la Semana Santa. Las bicicletas son para el verano, la película “¡Qué bello es vivir!” es para la Navidad, y “Quo vadis”, “Ben-Hur”, “Los Diez Mandamientos”, “Los últimos días de Pompeya” y “Espartaco” son para la Semana Santa. Punto. Si un político quiere ir a una procesión me gustaría que lo hiciera sin corbata y mezclado con los fieles o con los espectadores, pero sobre todo quiero que las cadenas televisivas programen “Ben-Hur” en Semana Santa para que los espectadores podamos disfrutar del duelo de cuadrigas entre Judá y Mesala con la complicidad que nunca podrá ofrecer un frío DVD.

Que la Iglesia sea Nueva York y que el Estado sea Marruecos. Pero que dentro de doscientos millones de años podamos decir: ven, Hur, ya estamos en Semana Santa. Amén.