08 marzo 2010

HUMOR HOMEOPÁTICO

No es que los guiones de "La escobilla nacional" no tengan ni puta gracia. Es que estamos ante humor homeopático. La medicina tradicional, -oficialista, corrupta y vendida al poder, cerrada de mente y que cura enfermedades-, aplica los principios activos de sus fármacos en dosis significativas para que hagan efecto, las mayores dosis posibles sin más límite que el de no provocar efectos secundarios, reacciones adversas, habituación, tolerancia u otros problemas. Por el contrario, la medicina homeopática, -alternativa, valiente luchadora contracorriente, abierta de mente y que jamás ha curado una sola enfermedad-, defiende la idea contraria: cuanto menor sea la dosis del principio activo, mayor será el efecto que provoca en el organismo. Es por ello que toman una unidad del compuesto y la disuelven entre 99 partes de agua. A continuación toman una unidad de la disolución resultante y la vuelven a diluir entre 99 partes de agua, repitiendo este proceso de disoluciones centesimales hasta, por ejemplo, 30 veces, de forma que en el resultado final sería muy difícil encontrar una única molécula del fármaco original.


¿Lo entienden ahora? El humor de "La escobilla nacional" es homeopático. Es muy probable que en los orígenes existiera un chiste capaz de provocar al menos media sonrisa, pero está claro que agarraron esas líneas y las entremezclaron entre cien folios de diálogos planos. Y después pillaron un párrafo al azar de esa mezcla y continuaron disolviendo el chiste original diez, veinte, treinta, tres mil veces, hasta que en el resultado final la mezcla de la Duquesa de Alba, María Teresa Campos, María Patiño, Jesús Mariñas, Belén Esteban, Bertín Osborne y Matías Prats ya no contiene ni una sola molécula de gracia. El homeópata Ángel Llácer defenderá que el papel de los guiones guarda en su memoria las vibraciones atómicas del humor original, pero los espectadores oímos esos textos y nos reímos tanto como oyendo un ruido blanco, un placebo, una pantalla encendida sin sintonizar.