14 noviembre 2011

AÑORAREMOS A BERLUSCONI

El sábado le dedicó un reportaje “Informe semanal” y fue la noticia bomba en los informativos del fin de semana: la era Berlusconi ha llegado a su fin. La dimisión de Il cavaliere pone fin a una era en la que los telediarios iban de lo patético (Berlusconi se retoca el maquillaje con una esponja escondida en su pañuelo, pone los cuernos a Piqué -ministro español de exteriores- en la foto de una cumbre europea, graba un disco de canciones napolitanas, exhibe la cara destrozada de un duomazo antes de ir al hospital para rentabilizar políticamente el ataque de un chiflado…) a lo grotesco (Berlusconi utiliza descaradamente la televisión y el fútbol como plataforma política, utiliza descaradamente la política como escudo en los muchos procesos judiciales que tiene abiertos, enseña al mundo la palabra velina y para que quede claro muestra lo bien que lo pasa con sus amigos y las velinas en su mansión Villa Certosa…).

Los informativos se llenan de imágenes de italianos celebrando en la calle el fin de la “era Berlusconi” y las vemos con simpatía sin darnos cuenta de que encierran una terrible amenaza: no asistimos al fin de una época sino al nacimiento de una nueva era: la “era en que añoraremos a Berlusconi”. La tele nos enseña que el fin de una mala etapa no es más que el inicio de una etapa peor. El fin de “Con mucha marcha” fue el inicio de la era en que Leticia Sabater deambula por los platós transformando lo patético en grotesco, el fin de “La sonrisa del pelícano” fue el inicio de la era de “Crónicas marcianas”, el fin de “Aquí hay tomate” fue el inicio de la era “Sálvame”. Hay tantos ejemplos, que la dimisión de Il cavaliere da miedo.

En la “era en que añoraremos a Berlusconi” construiremos frases que comenzarán diciendo: “Al menos, Berlusconi no…”. Y lo terrible será que, a medida que los poderosos de esta nueva época vayan cometiendo nuevas tropelías, iremos encontrando diferentes formas de terminarlas y darles un sentido pleno y aterrador.