23 noviembre 2011

SIEMPRE LLUEVE EN SEATTLE

Nunca llueve en el sur de California, y siempre llueve en Seattle. Al menos, eso es lo que dice la canción de Albert Hammond y lo que se ve en la serie “The Killing” (laSexta). Siempre llueve en Seattle. Nadie sonríe en Seattle. La policía descubrió el cadáver de Rosie Larsen en el maletero de un coche, y la detective Sarah Linden sacrifica su vida personal y embarra su futuro para encontrar al asesino. Y sigue lloviendo.

“The Killing” es una serie norteamericana basada en la serie danesa “Forbrydelsen”, y si una es buena, la otra es mejor. Y viceversa. Muchos comparan “The Killing” con “Twin Peaks”, la inolvidable obra maestra de David Lynch, pero la gran diferencia entre las dos series es que en “The Killing” la lluvia empapa hasta los huesos del espectador, mientras que en “Twin Peaks” la lluvia sólo empapaba el entendimiento. “The Killing” es a “Twin Peaks” lo que “Alien” es a “2001: una odisea del espacio”. Los camioneros del espacio de “Alien” no tienen nada que ver con los limpísimos astronautas de “2001: una odisea del espacio”, y la detective Sarah Linden está muy lejos del detective Dale Cooper. En “The Killing” es inimaginable un personaje como “la mujer del leño” porque “The Killing” es más sucia que “Twin Peaks”. Y eso quiere decir que nada de lo que ocurre en “The Killing” nos es ajeno.

“The Killing” es un lúcido vistazo a la suciedad de nuestro mundo. Y, como dice Mary Douglas en “Pureza y peligro”, donde hay suciedad hay sistema. La suciedad es el subproducto de la ordenación y la clasificación, en la medida en que en que el orden implica rechazar los elementos inadecuados. La detective Sarah Linden no encaja en el sistema (fracasa como madre y como compañera) porque su vida es una lucha contra los subproductos de una sociedad obsesionada con el orden. Los padres de Rosie, una adolescente de diecisiete años con una vida menos ordenada de lo que podría parecer, caen en la suciedad del horror, la perplejidad y la venganza porque no entienden que el orden produce monstruos. Sarah, especialista en monstruos y en suciedad, es incapaz de trepar hasta la cima del sistema porque conoce sus subproductos.

Siempre llueve en Seattle. Y sufrimos por Sarah porque no puede ser uno de los nuestros.