04 abril 2013

NO TODOS LOS ESPECTADORES VALEMOS LO MISMO

  

Por si algún día usted acabara al frente de una cadena de televisión -cosas más raras se vieron- sería importante que aprendiera a hacer declaraciones rimbombantes y darse pisto. Es fácil: basta con imitar el estilo de Paolo Vasile, el gran jefe de Telecinco.

Lección primera. Si dirige usted una nueva cadena y dispone de pasta suficiente en tiempos en que la tele pública pierde su monopolio histórico, utilícela para copiar el modelo de televisión hortera italiana y para fichar a golpe de talonario a unos cuantos profesionales de la tele pública. Así irá ganando audiencia poco a poco. No importa que la pública gane por goleada: usted dirá que es el primero de su grupo. Telecinco no despegó en su día reconociéndose la penúltima, sino vendiéndose como “la primera de las privadas”.

Lección segunda. Si además de disponer de pasta tiene estómago, puede inundar su programación de cotilleos babosos y realities tramposos (y viceversa) hasta desbancar a la tele pública y ser la cadena más vista del país. No importa que le acusen de hacer televisión basura: usted dirá que da al público lo que le pide.

Lección tercera. Si otra cadena privada, como hace estos meses Antena 3, asalta su liderazgo, declare que no todo vale, que la audiencia no lo es todo, ni lo justifica todo, porque lo más importante es ahorrar gastos y la austeridad. No importa que le acusen de no saber perder: usted dirá que la guerra ya no es la audiencia, sino el coste.

Lección cuarta. Si en el futuro, el Dios de las televisiones no lo quiera, usted perdiera la guerra de la audiencia y perdiera la guerra del coste porque otra cadena lograra más espectadores y lo hiciera con programas más baratos, échele morro y declare que no todos los espectadores valen lo mismo. No importa que le acusen de indeseable: usted dirá que ofrece a los anunciantes un target urbano y con alto poder adquisitivo. ¿A que es fácil?