07 abril 2013

RUIDO DE FONDO



“Money time” es como la foto de muestra que viene dentro de los marcos. Está ahí porque quedaría muy desangelado que se viera directamente la madera del fondo. Es como la hora que marcan los relojes en los expositores. Dado que es imposible que un reloj esté marcando ninguna hora no queda más remedio que ajustar alguna hora en ellos. Como el excipiente de los medicamentos. No se puede envasar exclusivamente los escasos miligramos requeridos de cada principio activo, así que se completa la cápsula con varios gramos de materia neutra. Como la música de fondo que suena en los ascensores de los edificios lujosos. No pretende ofrecer al usuario piezas musicales para su disfrute sino privarlo de la incomodidad que el silencio suele suponer cuando uno se encuentra acompañado de extraños. Es como los textos que se utilizan para probar diversas tipografías. No importa en absoluto lo que digan sino la ocasión que dan para comprobar la forma de las letras que los forman. Como la carta de ajuste cuando la televisión emitía cartas de ajuste. Es algo que hay que emitir cuando no hay nada que emitir. Como los espesantes que contienen determinados productos alimenticios. Los almidones y los gelificantes dotan de consistencia a algunas sustancias algo desvahídas como para formar un todo unitario.

Como el 0 en la suma y la resta. Como el 1 en la multiplicación y la división. “Money time” es el elemento neutro de la programación que deja invariante cualquier parrila en la que se coloque. No tiene ningún defecto. No tiene ninguna virtud. De hecho, no tiene ninguna característica de ningún tipo. Los concursos de cinco de la tarde, de decorados azules, de una hora de duración, de opciones sobreimpresionadas en pantalla que se ponen verdes o rojas según sean correctas o incorrectas, de presentadora simpática, de parejas de concursantes, de decisiones sobre si arriesgarse o no, son el ruido de fondo, la nieve, la radio no sintonizada de la televisión del siglo XXI. Nadie se ha enterado de la llegada de “Money time”. Nadie se enterará cuando se vaya.