20 enero 2010

BIENVENIDA, MISS ANNA

Lo más inquietante de la nueva versión de la serie “V” (jueves, TNT) es el parecido físico entre Anna, la líder de los Visitantes, y Susana Roza, la presentadora del telediario matinal de TVE. Teniendo en cuenta que “V” es, entre otras cosas, una reflexión sobre el poder de los medios de comunicación para mantener controlados a los ciudadanos, y sabiendo que la elegante pero malvada extraterrestre Anna utiliza esos medios con fría inteligencia, ver a Susana Roza presentando las noticias ya no volverá a ser lo mismo. Supongo que Susana no esconde un reptil debajo de su piel, y que su reconfortante sonrisa matinal no oculta un plan para apoderarse de nuestro planeta. Pero es difícil ver a Susana sin pensar en Anna. Y viceversa.

Los visitantes de “V” dicen que son gente de paz siempre. No es así. Unos pocos humanos organizarán enseguida la resistencia contra esos guapísimos (por fuera) extraterrestres que utilizan su superior tecnología y conocimientos para hacer de la Tierra un nuevo Villar del Río en plan “Bienvenido, mister Marshall”, pero con extraterrestres en vez de norteamericanos. De “Bienvenida, miss Anna”, enseguida pasaremos a “Anna, vete a casa”. Y es que el primer capítulo de “V” ilustró maravillosamente el nacimiento de la filosofía y de la ética. Si la filosofía nace con la admiración, la ética puede decirse que comienza con el escepticismo. Así, la inicial admiración filosófica hacia los Visitantes que aparcan sus enormes naves encima de Nueva York, Londres o Moscú en plan “Independence Day”, pronto deja paso al escepticismo ético de la agente de la unidad antiterrorista del FBI Erica Evans. De la filosofía del encuentro con lo desconocido (¿quiénes son? ¿De dónde vienen? ¿Qué quieren?), a la ética de la resistencia escéptica.

El escepticismo se desliza también entre los hombres de fe. Un sacerdote católico se pregunta cómo es posible que Dios y los alienígenas existan en el mismo mundo, mientras la postura oficial del Vaticano es que los Visitantes son parte del plan de Dios. La tensión entre la admiración y el escepticismo, entre “Bienvenida, miss Anna” y “Anna, vete a casa”, es el motor de “V”. Y la sonrisa de Susana Roza, claro.

2 comentarios:

Elenía dijo...

¡Oh qué recuerdos! A los que nacimos casi casi en los 90 pero en realidad somos de los 80 "V" era aquella serie que todos queríamos ver y nadie nos dejaba. Pero aún así nos las arreglábamos para jugar a V en el patio... sin saber a qué jugábamos.

Amarok dijo...

Esta nueva versión de la serie me está gustando mucho, por lo menos los cuatro capítulos que han emitido hasta ahora, a ver cuando la continuan porque vaya parón que ha tenido. Me parece que muestra muy bien cómo reaccionaría la gente ante un suceso de este tipo, y además refleja claramente el poder de los medios de comunicación y el interés por controlarlos.

Además transmite la sensación de que los humanos no pueden hacer nada para evitar la invasión pues los extraterrestres parecen estar metidos en todas las organizaciones importantes y tienen la situación bastante controlada. Y como dicen en el primer capítulo, los visitantes cuentan con la mejor arma posible: la adoración. Pero para mantener esta adoración necesitan que les vean como seres perfectos que sólo vienen a ayudar, sin ningún defecto, y ahí es donde entran los medios de comunicación y su capacidad para sesgar la información que se ofrece al resto del mundo.