06 enero 2010

INQUIETANTE CONJETURA

Ya lo han conseguido. Me cae mal “Águila roja”, esa serie de aventuras y misterio ambientada en el siglo XVII y protagonizada por Gonzalo de Montalvo, maestro de día y justiciero enmascarado de noche. Lo cierto es que me gusta la ambientación de “Águila roja”, me hacen gracia los personajes, me entretiene la trama y me lo paso bien con un producto que mezcla acción, romance y chiripitifláuticas intrigas. Pero TVE ha conseguido que “Águila roja” me caiga mal a golpe de promoción. De acuerdo, TVE ya no emite publicidad de bancos de color naranja o de absurdas colonias de nombre impronunciable, pero a cambio nos tortura con el autobombo. ¿No podría TVE poner imágenes de los leones del Serengeti, en vez de promocionar hasta la náusea sus productos?

Si esto sigue así, puede que acabemos echando de menos al banco de color naranja y a las colonias con nombres raros. Bueno, estoy exagerando. La autopromoción es una forma de rellenar minutos de programación y, de paso, intentar que el espectador no olvide que ya está aquí la segunda temporada de “Águila roja”. Vale. Otra cosa es que la autopromoción termine pareciéndose mucho a aquel capítulo de “Los Simpsons” en el que Bart tuvo que copiar cien veces en la pizarra: “No derrocharé la tiza”. Es decir, parece que TVE está dispuesta a copiar cien veces en la pizarra: “No derrocharé el tiempo emitiendo publicidad”, mientras gasta la tiza recordándonos que ya está aquí la nueva temporada de “Águila roja”. También es cierto que ahora podemos ver en TVE películas como “Piratas del Caribe” sin anuncios de bancos de color naranja, e incluso sin que aparezca por ahí “Águila roja”, pero los títulos de crédito finales de la película se siguen cortando con la habitual falta de sensibilidad, entendimiento y razón.

Hagamos una conjetura o, como dirían los chicos de “Bones”, un salto cualitativo. Si TVE sustituye los pesadísimos anuncios del banco de color naranja por las pesadísimas autopromociones de “Águila roja”, y si sigue despreciando el cine hasta el punto de mutilar los títulos de crédito de las películas, volveremos a ver a Ramón García (y su capa) presentando las campanadas de la próxima Nochevieja. Inquietante, ¿eh?