09 enero 2010

REFERENCIAS SEXUALES EXPLÍCITAS

Como mucho, 300.000 €. O la mitad. O nada. Da igual. Termine en multa o no, el expediente sancionador que el Ministerio de Industria abrió a Telecinco por “Sálvame” no les hace ni un rasguño. Lo ganan en cualquier pausa publicitaria de cualquier día de cualquier semana de cualquier mes de éstos, a escoger. Peor aún. Sólo el hecho de estar en boca de todos, de poder hacerse las víctimas, de marcar un día más la actualidad televisiva, de conseguir que miremos hacia ellos incluso quienes no queremos ni verlos… ya les permite cuadrar las cuentas. La audiencia bien vale una multa. Igual que lo vale llamar “cantante” a Karmele Marchante, etiquetar de “neorrealismo televisivo” la telebasura, jugar en la Bolsa audiovisual especulando con “Bonos Andreíta”, o alicatar hasta el techo a Belén Esteban.

Porque esa es otra. La nueva Ley Audiovisual prohíbe los anuncios de operaciones de cirugía estética de 6 de la mañana a 10 de la noche, un horario que en Telecinco ya conocen. Es la misma franja de protección al menor que desde su primer día torean en “Sálvame” jugando a escandalizar con un “caca, pedo, culo, pis” entreverado por lo que el Ministerio de Industria denomina “referencias sexuales explícitas”. “Sálvame” seguirá toreando pero tendrá que dejar de emitir anuncios de cirugía estética porque se iba a notar mucho. Dará igual: la inmensa popularidad de Belén Esteban es en sí misma un anuncio más eficaz que ningún otro a la hora en que los niños vuelven del cole. El corro que la rodea y gira a su alrededor cada tarde es todo él es un gran anuncio a la hora de la merienda. El programa entero que construye su figura y aplaude la cirugía es el mayor anuncio del mundo en horario de protección infantil. Belén Esteban es nuestra diosa y Jorge Javier Vázquez es su profeta. Lo dicen en la tele. Todos podemos verlo. Cualquier día de cualquier semana de cualquier mes de éstos, a escoger.

4 comentarios:

Lilith dijo...

Oye, eso del horario infaltil protegido, además de una hipocresía (yo prefiero que mi hijo sepa cómo funcionan unas bolas chinas a que sepa cómo se gana la vida Belén Esteban, por ejemplo), no es como matar moscas a cañonazos? Quiero decir, es como si en vez de ponerte un condón antes de tener sexo, eliges permanecer virgen hasta que se encuentre una cura contra el vih. Quiero decir, again, que mejor que los niños no vean determinados programas nunca, sea la hora que sea, ¿no? Porque que los colaboradores de Sálvame no digan tacos para que los niños los puedan ver es como si le lavamos los dientes al león que va a devorarte para que al desgarrarte la piel y triturarte las vísceras no se te infecte.

david dijo...

Es que nuestros gobernantes están muy interesados en que nuestras criaturas vean la tele, that´s the quid..poner horario infantil acalla las quejas de las asociaciones de consumidores y a la vez crea una fina de película de protección. Esto no obsta para que los críos se pasen un mes antes de navidad jugando a la guerra y las niñas cuidando de su bebé..

Diógenes (a.k.a.) PUNKSNOTDEAD dijo...

El horario infantil está hecho para una cosa: Para que todas las cadenas se lo pasen por el forro. Qué razón tienes, Antoñito. Las multas se pagan con 30 segundos de publicidad. Por cierto, qué pena dan los del Hormiguero. Si 2pac levantara la cabeza...

Elenía dijo...

Yo estoy de acuerdo con Lilith. Lo peor no es ver a Karmele enseñando el funcionamiento de unas bolas chinas sino el resto. Conozco a gente que hasta hace nada pasaba de Belén Esteban pero ahora resulta que con lo de operación pues bueno, hay que verla ¿no? Aunque sea para comentar lo mal que le quedó la cara.

Supongo que así seguirá la TV pública. Y yo me repito y me repito, soy como en conejito de Duracell pero con otro eslogan: VIVA FOX.

Por cierto Antonio ¿para cuando un artículo sobre el arzobispo de Granada y su teoría de que si una mujer aborta se merece que un hombre abuse de ella? Eso sí que se merece mucha más atención que la Esteban. Pero no, no hay programas de filósofos/sociólogos/psicólogos/antropólogos discutiendo las barbaridades de ese supesto señor.