27 enero 2010

ROD Y TODD EN EL BÚNKER

Recomendé a los mismos amigos a los que sugerí ver “La ola” que vieran la película “El hundimiento”, emitida por Antena 3 la semana pasada. Lo hicieron. Ya tengo los resultados. Como suponía, ver “La ola” y “El hundimiento” no sólo quita las ganas de invadir Polonia, sino que hace que nos agarremos a nuestra imperfecta, aburrida y a veces desesperante democracia como Linus, el entrañable personaje de las tiras de “Carlitos”, a su manta. No sólo el fascismo puede asomar su fea cara en el lugar más inesperado y en el momento más tonto, sino que Hitler era un ser humano rodeado de seres humanos, y no un monstruo surgido de la nada. La naturaleza de Hitler no era extraterrestre como la de Anna, la líder de los Visitantes de la serie “V”. La de Goebbels, ministro de propaganda de la Alemania nazi, tampoco.

En “El hundimiento”, los hijos de Goebbels y Magda tienen un inquietante parecido con Rod y Todd, los hijos de Ned y Maude Flanders en “Los Simpson”. No sólo esos niños llegan al búnker en el que la pesadilla nazi vivirá sus últimos momentos de hiperrealidad dispuestos a pasar unos días de vacaciones entre juegos y dulzonas canciones dedicadas al “tío” Hitler, sino que responden ante los terribles Goebbels y Magda como Rod y Todd lo hacen ante los buenísimos Ned y Maude. Hitler adoraba a su perro, Goebbels adoraba a sus hijos. ¿Se sabrían los hijos de Goebbels fragmentos de “Mi lucha”, como se saben los hijos de Ned fragmentos del Antiguo Testamento? ¿Es posible ver algunas escenas de “El hundimiento” en el búnker de la Cancillería como si se tratara del reverso tenebroso de un capítulo de “Los Simpson” en la vivienda unifamiliar aislada de Ned Flanders? Después de estas preguntas, ¿no apetece pedirle a Linus que nos deje compartir su manta?

Los hijos de Goebbels cantan cancioncitas al tío Hitler mientras el Ejército Rojo pisa Berlín, y así es más fácil dar la razón a Aristóteles cuando decía que las acciones son más voluntarias que los hábitos, porque de las acciones somos dueños desde el principio hasta el fin, pero de los hábitos sólo al principio. Las acciones fascistas son libres, pero evitables. Los hábitos son otra cosa, y pueden llevar a los hijos de Ned a cantar en el búnker de la Cancillería mientras el tío Hitler sonríe.

4 comentarios:

david dijo...

Una vez pregunté a la profesora de historia sobre la existencia real de Jesús, cuando estudiamos el origen del cristianismo, en un instituto público. No hubo explicación y la profesora, ofendida, fue a dar parte al director, que hizo caso omiso. Pero a partir de entonces lucía un rosario con una cruz de 10 cm en el cuello, como si la sola visión nos convenciera de ello.
Me la imagino rezando ofendida por un vulgar alumno que cuestionaba el hábito de creer y que prefería la acción de enseñar.

Daniel dijo...

Peliculón. "El Hundimiento" es, sin más palabras y dicho in vulgaris, ¡un peliculón!

Saludos.

Perdido (no en Hawai) dijo...

Es la entrada más sugerente y lúcida que he leido en años. Por mí, podeis publicarla tambien mañana.

Elenía dijo...

Me comentaron en su momento que es una película muy buena y muy interesante.

Y creo que tu asocación de niños-Hitler es muy normal: ¿no son los niños extra-religiosos la mayor fuente de terror del arte?
También podrías haber hablado de Flora y Miles, los niños de "Otra vuelta de tuerca" que los pobres tenían el hábito de jugar con fantasmas mientras su instituriz la voluntad de protegerlos. ¡Adivina quién gano!