08 junio 2009

LAS ENEMISTADES INOFENSIVAS



Que no me lo creo, leches. Que no cuela. Que uno ya es mayor para zamparse cuentitos de la abuelita. Punto uno: no me creo que Mayor Oreja y López Aguilar se lleven mal. Punto dos: no me creo que Carlos Boyero y Pedro Almodóvar se lleven mal. Y, sobre todo, el punto tres, un punto tres grande como un abejorro andando por encima de un TFT de 150 pulgadas: no me creo ni media palabra del enfrentamiento de chichinabo entre Risto Mejide y Manu Guix. Tararí.

Vivimos en un mundo raro. Hasta ayer la educación básica animaba a disimular las antipatías, a fingir cortesía incluso con personas a las que desearías ver haciendo puenting con su intestino delgado. La gente se llevaba mal y aparentaba llevarse bien. Pero ahora todo se ha dado la vuelta. Los nuevos modelos nos animan a potenciar las antipatías y atenuar las simpatías, a fingir enfado incluso con personas a las que darías gustoso un riñón en caso de necesidad. La gente se lleva bien y aparenta llevarse mal. Especialmente, -muy especialmente-, si es gente que participa en un espacio que se viene a pique y que experimenta subidones adrenalínicos de audiencia cada vez que el publicista Mejide arremete contra ese horror de sedicente músico llamado Manu Guix.

Porque, lo sabemos todos, este programa que antaño fue un concurso de cantantes se ha convertido hoy en "El programa de Risto Mejide" más de lo que "El programa de Ana Rosa" es de Ana Rosa o "Buenafuente" es de Buenafuente. Cuando las cámaras se apagan Oreja y Aguilar bostezan con confianza, se dan una palmada sincera en la espalda, se preguntan atentamente por las familias. De madrugada Boyero envía a Almodóvar un cómplice SMS que dice: "cómo te has pasado hoy en tu blog, mañana te voy a dar en mi columna hasta el alma, jajaja". Apuesto a que el único pinganillo que funciona este año en OT es el que le ladra a Risto en cada gala cuáles fueron los minutos de oro en las audiencias anteriores y le atiza para conseguir esta vez cinco puntos más de share llevando aún más al límite su personaje de ingenioso matón cobarde.

2 comentarios:

Lilith dijo...

Ah, el título de esta columna me recuerda a una que escribiste hace unos años titulada "Las amistades peligrosas"... qué tiempos aquellos... :´)

Las enemistades inofensivas son otro de los juegos a los que jugamos, si seguimos vendiendo agua en frascos de perfume y veneno en botellas de agua al final nadie se atreverá a comprar en los mercados y Fenicia se convertirá en una ciudad desolada.

Elenía dijo...

Irónicamente a nivel social es inofensivo mientras que a nivel televisivo es... bueno no sé lo que es porque yo me cruzo a ese hombre por la calle y ni lo conozco.

Personalmente prefiero que se fomente eso a lo contrario. Todavía recuerdo la última vez que confié en tres conocidos con los que me llevaba pasablemente bien (todo un record para mí) y me pegué la gran host... perdón, tortazo del año. Ahora lo tengo que mirar todo con lupa y pensármelo muchas más veces de las dos que ya me lo pensaba antes de abrir la boca.