31 octubre 2014

PENA DE TELEDIARIO


El “Telediario” es posiblemente el único programa de televisión que sale en el diccionario de la RAE: llamamos “telediario” a cualquier informativo de televisión en el que se den las noticias del día, se emita en la cadena que se emita, y le hayan puesto el nombre que le hayan puesto. Lo que aún no recoge la Academia es la expresión “pena de telediario”.

Empezamos hace años a hablar de “pena de telediario” para referirnos al hecho de que los políticos, aún no condenados o ni siquiera juzgados pero presuntamente implicados en algún delito, salían en los telediarios cuando acudían a un Juzgado o eran retenidos o esposados por agentes de seguridad. El hecho de verlos en estas condiciones era considerado ya una pena, para algunos injusta por aplicarse violando el principio de presunción de inocencia.

Pero la vida cambia y el lenguaje evoluciona. Estos días (estos meses, ya va para unos añitos) vemos en los telediarios, un día sí y otro también, un desfile constante de noticias que han hecho que la expresión “pena de telediario” vaya cambiando de significado. Son noticias de dos tipos que se complementan para lograr este cambio semántico. En unas, salen a la luz casos y más casos sangrantes de corrupción política, casos de personas que ya eran ricas pero que además aumentan su riqueza a costa del dinero de todos, casos de desfachatez constante por parte de quienes nos recetan purgante acusándonos de vivir por encima de nuestras posibilidades. En otras, salen a la luz casos y más casos de personas que sufren, casos de personas que ya eran pobres pero que además aumentan su pobreza al robarles el dinero de todos, casos de amargura constante por parte de quienes tienen que tomarse un purgante porque mantienen una cantidad de corruptos por encima de sus posibilidades. Aumenta la brecha entre ricos y pobres, dice la tele. Pues claro. Así las cosas, no queda otra que exclamar con pesadumbre: “¡qué pena de telediario!”.