15 octubre 2014

ROMA VINCIT

Tras la caída y el olvido de Roma, muchos mármoles de la ciudad de Augusto y Marco Aurelio se convirtieron en cal. Así pasa la gloria del mundo. Casi todas las estatuas y capiteles que sobrevivieron a los saqueos fueron a parar a alguno de los hornos de cal que llenaron la decadente Roma, y cabezas de emperadores compartieron el mismo fin con brazos de diosas, trozos de columnas y pedestales vacíos. Mejor el robo que la destrucción. Mejor terminar adornando la casa de un ricachón o sosteniendo el techo de la vivienda de un pobre diablo que consumirse en un horno de cal. Mejor permitir que “Los misterios de Laura” (TVE) se conviertan en “The Mysteries of Laura” (Cosmopolitan) que dejar que la serie se consuma en ese horno de cal en el que se está transformando TVE.

La adaptación norteamericana de “Los misterios de Laura” (NBC) es una buena noticia para los seguidores de la inspectora Laura Lebrel (convertida ahora en Laura Diamond), del mismo modo que la adaptación de parte del friso de un templo del foro romano en un palacio renacentista es una buena noticia para los amantes de la vieja Roma. Robar no es lo peor que se puede hacer con una serie o con un friso. Es peor el horno de cal, la desidia, la ignorancia destructiva, el encogimiento de hombros, la obsesión por la utilidad inmediata, las prisas por cuadrar las cuentas. Es verdad que la inspectora Laura Diamond es más dura e inquieta que nuestra Laura Lebrel porque, caramba, vivir en Nueva York imprime carácter. Es verdad que “The Mysteries of Laura” tiene más acción pura y ese toque final que los norteamericanos dominan como nadie y que hace que una serie norteamericana sea en el fondo y en la forma eso, una serie norteamericana aunque la idea original sea romana. Y es verdad que los capítulos de “The Mysteries of Laura” son más cortos y manejables que los originales, una lección que la ficción española no acaba de entender. Pero “The Mysteries of Laura” es, al fin y al cabo, un mármol romano salvado del horno de cal que ahora adorna las noches de Cosmopolitan. Roma vincit.