11/10/16

AY DEL PAQUIRRITÍN, PAQUIRRIQUITÍN


Estás jodido, Paquirrín. Quieres ser superior a ellos, pero no lo eres. Intentas rebasar su nivel de degradación moral viviendo del cuento igual que viven del cuento los otros, pero no puedes. Por no ser, ni siquiera eres igual a ellos. Podrás seguir siendo un vividor trampeando aquí y allá, pero no pretendas ser además aceptado por los vividores que se han hecho a sí mismos ganándose el puesto a pulso.

Paquirritín, estos días has estado entretenido con ese último negocio que has montado para ganar mucha pasta sin dar un palo al agua -la subasta y comercialización de tu boda a precio de exclusiva- y se ve que tanta tensión hizo que se te fuera la pinza. Un reportero de “Sálvame” intentó hacer su triste trabajo acudiendo a ti para interesarse por tu lamentable negocio, o sea, dio por supuesto que tu boda tiene algún interés, se creyó que tu vida tiene algún interés, aceptó que tú tienes algún interés. Qué cosas, supuso justo algo que te resulta imprescindible para que puedas seguir viviendo del cuento. Pero lo hizo mal. Se acercó a ti sin pasar por caja y te saltó la tecla: “A un día de mi boda estás molestando. No te conozco de nada ni quiero hacerlo. Tú no eres periodista… tú eres un muerto de hambre”.

Qué torpeza, Paquirriquitín. Llamar muerto de hambre a uno que, al fin y al cabo, es de los tuyos porque sirve en el mundo que te sostiene, permitió a la tropa de “Sálvame” marcar distancias: no es que ellos no sean como tú, es que tú ni siquiera eres como ellos. Ellos viven dentro de un pozo de cieno que han cavado con sus propias manos y han llenado con sus propias inmundicias. Les duele el desprecio porque tú no. Tú ya has nacido en una fosa hedionda que te encontraste hecha y perfectamente acondicionada. No deberías ponerte elitista con quienes han logrado con su esfuerzo lo que tú ya tienes sin hacer nada. Cuánta leña te dieron en “Sálvame” por tu desprecio y con cuánta razón. Y que te den en “Sálvame” y tengan razón es lo último. Por debajo ya no hay nada. Por debajo solo estás tú, ay, queridín, queridito del alma.

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