27 octubre 2016

AY, HORACIO, NO ME ODAS


Necesitamos que le eche huevos un editor de Wikipedia y complete la entrada dedicada a Horacio. Tiene que ser un editor valiente porque debe añadir el apartado “Influencia” del poeta latino a su más actual seguidor: Pocholo. Es lo que hay. Tras Petrarca, Garcilaso, Fray Luis de León o John Keats, hay que añadir un nuevo autor recientemente descubierto mientras participaba en “First dates”, ese programa de citas a ciegas de Cuatro presentado por Carlos Sobera en el que se comprueba que a Cuatro le sienta fatal el ‘telecincamiento’ por inmersión que padece, y que un mono loco dirige la carrera profesional de Sobera.

Pocholo es un noble (en el peor sentido de la palabra) personaje de la estirpe del Papa Luna con un desconcertante currículum televisivo. ¿Ana Obregón participó en un capítulo de “El equipo A”?, pues él lo hizo en dos de “Miami Vice”. Pero sobre todo se le recuerda por haber sido alma, corazón y vida en el “Hotel Glam” de Telecinco. Como todo puede empeorar, ahora volvió a la tele a ligar con una señora a la que dobla en edad en el restaurante de atrezo en el que se graba “First dates”. Cuando se levantó para ir al baño aprovechó la ocasión para hacerle a un tipo que estaba de extra en la mesa de al lado un Pocholo-resumen de uno de los tópicos que Horacio toca en sus “Odas”. La fugacidad del tiempo, la necesidad de aprovechar el momento, la brevedad de la vida, la evanescencia de la juventud, en fin, la urgencia del “Carpe diem” horaciano fue reformulada por Pocholo camino del mingitorio con esta contundencia: “¡Espabilaaa, espabila o se nos va la vida, se nos va la vida!”.

Horacio está bien: “Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso. Vive el día de hoy. Captúralo. No confíes en el incierto mañana”. Pero el “¡Espabilaaa, espabila o se nos va la vida, se nos va la vida!” de Pocholo es más actual. Hagámosle caso a este defensor del ‘tempus fugit’ y cuando cojamos el mando a distancia a la hora en que Cuatro emite “First dates” pensemos dos veces si realmente vale la pena tirar en ese vertedero nuestras horas, nuestro tiempo, nuestra vida.