19 octubre 2016

THE WALKING TRIUNFITOS


El éxito de “The walking dead” ha propiciado la aparición de una serie de spin-offs que pretenden aprovechar a su favor el tirón de la serie original. La propia cadena AMC produce desde hace un par de años “Fear the walking dead”, una precuela que narra los inicios del holocausto zombie que aterra a la humanidad. TVE no se ha querido quedar atrás y este domingo nos ofreció el primer capítulo de su propia serie sobre muertos vivientes: se llama “OT: El reencuentro”. La he visto y juro que da mucho más miedo que la original.

Año 2016. Han pasado quince años desde que una extraña mutación dio lugar a una serie de cantantes que acabaron para siempre con la canción melódica en el planeta. Aunque la epidemia duró varias temporadas televisivas, hace ya un tiempo que se dio por terminada, y la sociedad poco a poco ha ido volviendo a la normalidad. Sin embargo, cuando ya todos los daban por definitivamente desaparecidos, reaparecen súbitamente Manu Tenorio y Nuria Fergó, Chenoa y Gisela, Aléx Casademunt y Verónica, convertidos en muertos cantantes vivientes. Parece que siguen vivos, pero son zombies. Comienzan a hablar de amor, de energía, de lo importante que es la música para ellos con una cursilería mucho más aterradora que las pieles purulentas y las horribles mutilaciones de los auténticos walking deads. Por ahora están confinados en una casa, aunque probablemente a lo largo de la serie salgan al exterior y sigan sembrando de esa manera el horror entre la población. Llegan todos los demás: Bisbal, Bustamante, Rosa

Hay que evitar como sea que te lloren encima. O que te hablen de lo felices que fueron, de lo unidos que estaban y de cómo el programa les cambió la vida para siempre. Sobre todo, hay que evitar que te canten “Europe’s living a celebration” si no quieres convertirte en uno de ellos. La ciudadanía debe empezar a defenderse, a construir vallas y zonas de seguridad, a huir a tierras lejanas. Antes, cuando estaban vivos, era más fácil defenderse. Ahora, estando muertos, la única forma de acabar con ellos es cortarles la cabeza con un vinilo de algún premio Nobel de Literatura.