06 octubre 2016

¡¡¡EAEEEA!!!


No se me enamora el alma, no se me enamora, viendo “El amor está en el aire” (noche de los martes en Antena 3). Amor hubo. Al menos contaba entre sus ingredientes con colorante y saborizante de amor que daban el pego. Pero aunque habían anunciado que habría amor platónico, no fue así. Sobre rituales de cortejo y apareamiento ya nos mantienen informados los documentales de La 2 (si se trata de animales en general) y la monotemática programación de Telecinco (si se trata de humanos en particular). Pero el bueno de Platón hablaba de una forma de amor más sublime que iba más allá del amor a la belleza de los cuerpos y llegaba al conocimiento de las ideas y a la belleza en sí.

Si, con perdón, consideramos el amor como un género televisivo, “El amor está en el aire” mejora lo que hay. Solo con no llamarse “Love is in the air” supera las papanatas primeras citas de “First dates”, que con tan pretencioso nombre consigue que el programa en conjunto dé más vergüenza de la que ya da el contenido por sí solo. Frente a “Mujeres y hombres y viceversa” no solo supera el desfile de hormonas guionizado, también supera la sigla “MYHYV” con un “EAEEEA” que parece un inesperado homenaje al más famoso grito de la historia del cine, el grito Wilhelm.

Pues ni por esas. No se me enamora el alma, no se me enamora, viendo “El amor está en el aire”. Y no será porque en Antena 3 no se pusieron lo suficientemente pesaditos promocionándolo. Anteayer, día del estreno, la cadena entera parecía una rampa de lanzamiento. Pero anunciaban un programa en el que habría amor de todos los tipos y en todas las variantes (romántico, platónico, entre padres e hijos, abuelos y nietos, hermanos y amigos), y faltó justo el amor platónico, el amor al conocimiento, esa forma de amor que de haber estado presente habría evitado que “El amor está en el aire” fuera, otra vez, una vuelta de tuerca empalagosa, ñoña y tramposa al tramposo, ñoño y empalagoso “Sorpresa, ¡sorpresa!” de cuya sombra parece que no va a poder librarse jamás la televisión ñoña, tramposa y empalagosa.