02 octubre 2016

"GRAN HERMANO", RUMBO A LAS MARIANAS


No me jorobar, amiguinos, cómo se os ocurre revolver las cosas justo ahora con lo bien de mal que va todo en “Gran hermano 17”. Pero bueno, ¿se puede saber qué es eso de lanzar en Twitter la etiqueta #JorgeJavierFueraDeGH? ¿Y cómo os da por repetirlo hasta convertirlo en trending topic? ¿Y a santo de qué cometéis encima la tontería de abrir una recogida de firmas para solicitar a Mediaset, la empresa del monstruo, y a Zeppelin, la productora del engendro, que reemplacen a Jorge Javier Vázquez de “GH”? ¿Y a quién se le va tanto la pinza que remata firmando para que la petición cobre fuerza? ¡Con lo bien que Jorgeja presenta mal el programa! ¿Quién podría hacerlo mejor mal que él? No digáis “cualquiera” tan alegremente. ¿Y si con tanto revuelo y tanta tontería lo cambian por cualquiera y resulta que cualquiera lo hace mal, pero no sabe darle ese punto al mal que le da Jorgeja tan bien, y de resultas “GH” mejora? Miedo da de solo pensarlo.

Aceptémoslo, Jorge Javier Vázquez es justo el presentador que necesita “GH” para que su trayectoria decline. Un presentador estrella estrellado es lo mejor que podía haberle pasado a “GH” una vez que nos libramos de Mercedes Milá, la culpable de que la nave se mantuviera a flote. Por eso es una suerte que una vez que “GH” quedó desmercedesmilado, decidieran jorgejaviervazquezarlo. Gracias a esta conjunción cósmica, la actual edición de “GH” no termina de arrancar, sus seguidores abandonan el barco, sus jefazos se desesperan y los que llevamos lustros aguantando el chaparrón vemos más cerca el día en que volverá a salir el sol.

Así que está de más esa discusión sobre si la bendición que vivimos es fruto de la marcha de Milá o de la llegada de Vázquez. Es obra de ambos. Ahora bien, si lo que queremos averiguar es quién de los dos pilota mejor la nave de “GH”, no hay duda: la pilota mejor Jorgeja porque la pilota peor. Esperemos que continúe al timón con pulso firme y sepa guiarla hasta que, navegando sobre la fosa de las Marianas, la hunda irremisiblemente de modo que no pueda reflotarla nadie nunca jamás.