22 octubre 2016

FUNCIÓN DE ONDAS


Venga, Vicente Vallés, anímate. Seguro que acaban de darte el premio Ondas 2016 al mejor presentador de buen rollo y sin ganas de fastidiar. Hombre, si te dejas llevar por la primera impresión es cierto que parece pitorreo que te lo den justo al año siguiente de dárselo a Íker Jiménez. Ambos estáis en las antípodas de lo que es un presentador: el que informa frente al que desinforma, el que trata de arrojar luz sobre los asuntos que aborda y el que arroja confusión y ruido, el que pone su trabajo al servicio de los espectadores y el que los usa en su propio beneficio. Da igual, no te dejes llevar por esa primera impresión. Sigue haciendo tu trabajo en los informativos de Antena 3 y vete a recoger el galardón con la cabeza bien alta, que tú no tienes nada que ver con “Cuarto milenio”. Piensa que aunque el año pasado premiaron al milenarista tripulante de la nave del gatuperio, antes laurearon a gente honrada y tan diferente como Arturo Valls, Wyoming, Pedro Piqueras, Jordi Hurtado o Jordi Évole. Y hasta aquí puedo leer, porque si vamos más atrás llegamos a 2009 y ese año el Ondas fue, ay, para Jorge Javier Vázquez.

No pongas esa cara, Vallés, que ya lo sabías. Nadie olvida aquello. Fue entonces cuando empezaron los problemas de este premio. Ni siquiera Carles Francino, presentador de la gala, quiso entregar el galardón a Jorgeja (lo que este le agradeció después llamándole cobarde y pueril). Incluso la organización eliminó al año siguiente la deteriorada categoría de premio al mejor presentador fundiéndola con el de mejor presentadora que se llevó Susanna Griso. Pero da igual, Vallés, hay que darle un voto de confianza al Ondas con la esperanza de que pongan más cuidado con el palmarés de galardonados. Recoge el premio, disfrútalo y si en la ceremonia ves al genial Juan Carlos Ortega, flamante premio Ondas nacional a la trayectoria en Radio, recuérdale por favor que somos muchos los que además de seguirle en ese medio, notamos su ausencia en la tele y le echamos de menos, por ejemplo, en “La mitad invisible” de La 2.